En la antigua Grecia ser desterrado era una condena brutal, la más dura de las penas. Con ese castigo se perdían todos los derechos, entre ellos el derecho del hombre a ser dueño de su propia historia, de su origen y de su final. Sócrates prefirió la muerte al exilio. Pues qué es el exilio sino una de las formas de la desaparición: la pérdida de la identidad para aquel que lo padece... Y la pregunta sigue siendo: ¿cómo representar un drama inconcluso?
El director de la obra supone que con una escenografía adecuada, algunos cambios en las líneas y cierta unidad de acción todo puede ser posible. Pero los seis personajes de Pirandello siguen ahí, insatisfechos, incompletos, exigiendo ser ellos quienes representen su propio drama... No cabe duda: quiénes si no ellos serían capaces del gesto puntual, la pausa oportuna, el espanto preciso. Ellos son la historia y no existe actor que pueda sentir lo que ellos sintieron: ese exilio de la vida al que fueron forzados.
Los desaparecidos no son otra cosa que exiliados de la vida. Ellos, al igual que Sócrates, preferirían la muerte a la indigna y ambigua condición de “desaparecido”. Al menos la muerte nos da una idea acabada, certera, definitiva y absoluta de la desaparición física... Pero para morir hace falta tener identidad.
Vivir con identidad implica morir con identidad. Los desaparecidos no están muertos, porque para morir es necesario que el mundo sea testigo de ese final...; para morir hace falta quedar en los ojos de un hermano, de una madre, de un hijo...
Al igual que los seis personajes de Pirandello, miles de desaparecidos siguen ahí, esperando. Miles de personajes en busca de un autor y de un director. Miles de hombres, mujeres y niños diciéndonos éste soy yo, éstos somos nosotros buscando nuestra identidad hasta que la recuperemos, y pueda por fin bajarse el telón.
14 comentarios:
Es muy cierto. La ambigua condición de "desaparecido" implica una inimaginable condena tanto para los que se transforman en inciertos recuerdos como para los deudos que no tienen la certeza de su verdadero estado.
Doblemente cruel es esa condena, imperdonable el crimen que los victimizó.
Saludos!
A mi el tema de la identidad, me recuerda en cierta medida a la senda de los elefantes, en el sentido de que el camino hacia la muerte justifica toda una vida.
Un abrazo, Agustín.
Excelente!
Me emocioné mucho, no sabría decir por qué.
Gracias por este texto.
Querido Agustìn, muchas gracias por tus comentarios en las fotos, sos muy amable.
Cada dia tu página es un referente para el aprendizaje.
Un gran abrazo para vos y tu flia.
Roberto Bernabitti
Me gusto mucho el texto.
No tiene mucho que ver, pero me recordo al personaje de su novela "El tiempo mata", en el sentido de que cuando nos escapamos de lo que somoso o no nos encontramos nosotros mismos, creo que eso, para nuestras vidas, es no tener identidad. Lo mas dificil es darse cuenta de los que nos pasa.
Lo felicito por su novela. Saludos.
Dice Alejandría: ¡Me tenés abandonada!
Qué alegría, Ricardo, que andes por estos pagos. Y sí... tengo medio abandonao el rancho. Como buen geminiano hago de todo un poco, y en estos meses estoy volviendo al viejo amor por la música. Ya regresaré al blog con renovados bríos... aunque no sé cuándo las fusas y semifusas me dejarán en libertad. Un gran abrazo.
Ciertamente, es un tema escabroso, muchos malandrines "intelectualoides" han hecho mucho dinero con este tema, pero el tema es: "aquellos desconocidos, asesinados y ocultados -no sepultados o enterrados- tendrían alguna oportunidad de, al menos, tener una identidad como "difuntos" si dejáramos el proselitismo y nos dedicáramos, ciertamente, a esclarecer lo que ocurrió. Ay, no lo sé. Todo es un vergonzoso blableo. Un abrazo. Gracias por tu sensiblidad.
Hola sr. Agustin, de apoquito sigo recorriendo su blog me gusta mucho.
Si bien muy esporadicamente me dedicaba a leer cuentos y novelas, de literatura y autores no se nada, y encontrar su blog por casualidad me hizo interesarme mas.
Queria que me recomiende un libro de poesias "para principiante", o un autor.
Desde ya muchas gracias. Saludos.
Estimada Ly, no hay nada más difícil que recomendar libros. Además, no creo mucho en eso de literatura "para principiantes". Uno encuentra el libro indicado en el momento indicado; ése es el secreto de la lectura. Es más, a veces el libro lo encuentra a uno por casualidad. De todas maneras, y prescindiendo de tus lecturas anteriores, creo que en la formación poética de un buen lector no debe faltar Borges, Idea Vilariño, Neruda (sobre todo los libros de odas), Juarroz, Juan L. Ortiz, entre muchos otros. Pero con esos autores que te mencioné hay para un buen rato. Ya tu propio camino te irá moldeando el gusto y las preferencias.
Gracias por estar ahí.
He navegado lentamente y asimilado profundamente el blog y me ha parecido magnífico. Me siento muy contento de haber encontrado y compartir este sitio; e insisto en que es excelente.
Gracias por su recomendación Sr. Agustin.
Con respecto a que el libro llega en el momento indicado, es muy cierto, ya que cuando le escribí estaba leyendo "La tregua", me encantó lo estaba necesitando. Es lindo cuando un libro hace que uno reflexione sobre si mismo, junto con el personaje. Espero topar con otro libro de Benedetti...
Saludos!
Es verdad. Algunos desaparecidos no están muertos, sino que andan vivitos y coleando por Roma, por ejemplo.
Es el caso de dos mellizas sesentonas que lograron fugarse del país antes de ser literalmente fusiladas y desde ese momento viven en Roma.
Sus padres cobraron la indemnización que en su momento se repartió a los familiares de desaparecidos y lo más cómico del caso es que las señoras entran y salen del país una vez al año (para las fiestas).
Es verdad, hay muchos desaparecidos que no murieron con identidad por el sencillo motivo de que todavía siguen vivos.
Saluda atte.
Dudé en publicar o no el comentario de Agustina L. Sin embargo, estoy convencido de que una golondrina no hace verano. Pues, si entre los 30.000 desaparecidos hubiera sólo uno que realmente estuviese desaparecido por la acción de la dictadura militar y su mano de obra civil y militar (y por ende 29.999 “desaparecidos” estuvieran paseando por Roma), el crimen de haberle quitado la identidad y la vida a una sola persona vale la condena de toda una sociedad. ¿Entendés la diferencia entre nuestros puntos de mira, Agustina L.?
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