Mario Benedetti: gracias por la tregua

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por Agustín Gribodo
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“Después de tanta espera, esto es el ocio. ¿Qué haré con él?”, concluye Martín Santomé en el final de La tregua. Lo dice con más desazón que esperanza; lo dice tras esperar una vida entera para jubilarse; lo dice después de darse cuenta de que ha sido domesticado para la rutina laboral. Y sabe íntimamente que sólo fue preparado para ese modo de esclavitud social.

. . . A grandes rasgos, La tregua responde a una transformación histórica que parte del concepto de gran urbe. En la primera mitad del siglo pasado, la novelística experimenta una transformación en el Río de la Plata: de la mano de Roberto Arlt y Eduardo Mallea, en Buenos Aires, y Juan Carlos Onetti, en Montevideo, la novela deja el ámbito rural para introducirse definitivamente en la ciudad.

. . . Este cambio implica grandes mutaciones industriales, arquitectónicas y humanas. La óptica del escritor no sólo debe abarcar otro medio, sino también otro modo de vida, otros individuos más herméticos, con soledades diferentes.

. . . Es común, en esta etapa, la novela de corte confesional, recurso que Mario Benedetti toma para sí. No es casual que el elemento expresivo de Martín Santomé (el medio elegido por el autor) sea un diario íntimo. A través de ese diario, Benedetti pone en la visión del protagonista la crítica de la realidad, la historia del entorno y las circunstancias que llevan a la pregunta final: "... esto es el ocio. ¿Qué haré con él?"

. . . La cuestión esencial planteada en La tregua reside en cómo y para qué superar la asfixia de una vida burocrática. Al respecto, Benedetti encamina los pasos del lector hacia el choque con los problemas, nunca hacia las soluciones. La pausa (o la tregua) que Laura Avellaneda simboliza para Santomé no hace que la insatisfacción desaparezca; muy por el contrario, sirve para desnudar finalmente –con la muerte de la joven– el carácter efímero de la alegría, las convicciones precarias del hombre y el sentido utilitario que el estado da al individuo.

. . . En la época en que fue publicada La tregua, el concepto de gran urbe imponía el empleado público como referente óptimo del hombre ciudadano. Un modelo obediente, resignado e insatisfecho, pero modelo al fin. Contra esa imposición se rebelaba Benedetti.

. . . Hoy las cosas cambiaron. Desde hace un par de décadas el concepto de gran urbe exige un hombre exitoso, empresarial, emprendedor y autosuficiente. Un modelo caníbal en el ámbito de la empresa privada.

. . . No sé si aquel modelo de los sesenta era mejor que el actual. En realidad, creo que no se diferencian demasiado. Pero por qué no pensar que en estos momentos un joven escritor está creando un nuevo Martín Santomé, acorde a los tiempos que corren: un personaje sanguinario, feroz e inescrupuloso obligado a crecer entre los cadáveres que va dejando en su camino. Un empleado de una empresa privada con un futuro brillante, pero con la misma insatisfacción de aquel que en La tregua, al final de su vida laboral, se preguntó qué hacer con el ocio.

(pintura de Edward Hopper)

5 comentarios:

Amancay dijo...

Un interesante analisis de una realidad que parece preguntar si alguna vez el hombre esta totalmente satisfecho con su destino. Tal vez sea solo una bendicion destinada a muy pocos.

Agustín Gribodo dijo...

El hombre, Amancay, es un eterno insatisfecho. Esto es así porque, sin lugar a dudas, como lo refleja Benedetti en La Tregua, estamos siempre corriendo como el burro tras la zanahoria y comprando espejitos de colores. Eso hace que en los balances de la vida uno se pregunte: ¿y ahora qué?
Es difícil ser uno mismo, ¿no?
Un abrazo.

anza dijo...

Agustin como siempre un placer leerte, y pues si "que cosa mas rara es el hombre hacer no puede, vivir no sabe y morir no quiere" siempre andamos renegando de nuestro destino....
Gracias por el coment en mi blog
Un Abrazo

Ricardo Rubio dijo...

Tema que es el TEMA, inabordable desde el punto de vista social y ominoso desde el filosófico. Tenés el don de la claridad y de la agudeza, que valoro. Hay que intentar lo de "El señor Núñez", de Abelardo Castillo, y lograrlo.
Abrazón.

Agustín Gribodo dijo...

A quien le interese ahondar en el comentario de Ricardo Rubio, el cuento de Abelardo Castillo se llama exactamente "Also sprach el señor Núñez". Es imperdible, y si tienen oportunidad de leerlo verán que la referencia de Ricardo no es gratuita.