Concurso de fotografía sobre recursos naturales


La Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo (AACS) organiza su primer concurso fotográfico. El objetivo de la convocatoria es reflexionar acerca del “suelo” en todos sus aspectos y poner en evidencia, a través de la mirada fotográfica, la vital importancia de los recursos naturales. Se busca también estimular la creatividad y producción hacía ese universo que se extiende bajo nuestros pies.
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El concurso está dirigido a todas las personas mayores de 18 años, argentinas y extranjeras con por lo menos dos años de residencia en el país, tanto profesionales como aficionadas de la fotografía. Con un clic podés consultar las bases y condiciones.
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La recepción del material va desde el 1° de febrero hasta el 26 de marzo de 2010... Y hay más de 10.000 pesos en premios.
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Dos textos políticos

José Antonio Cedrón y Conrado Yasenza
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José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, en 1945. Actualmente reside en México. Entre sus últimos libros figuran De este lado y del otro, Actas, Cuaderno de tránsito y Vidario, al que pertenece el poema elegido, un texto que habla del “desexilio”, esa palabra que inventó Benedetti para darle un nombre al regreso de una partida no buscada.
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Después de mucho tiempo
nos cuesta acostumbrarnos.
Ese extraño nosotros dejó huellas y vuelve.
Al cuarto día, al quinto ya se hacen
familiares el acento que traes,
la camisa, zapatos, tu encendedor, la pluma.
Pero un poco incomodas.
Y de alguna manera, absurda, eres el muerto
regresando despacio sobre el húmedo polvo
que dejó tu vacío: el lomo de
algún libro,
los bordes de los cuadros,
la dudosa manija del ventanal
que, entonces,
abría hacia otros vientos.
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. .José Antonio Cedrón
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Conrado Yasenza es periodista y poeta, edita la revista digital La Tecl@ Eñe y en su blog Molino Rojo y Fernet nos ofrece la inquietante colección Los poemas que no encuentran editor. Este texto sin título nos narra una escena cotidiana que, lejos de lo panfletario, nos conmueve por su naturalidad y sencillez. Saber decir sin decir es una de las mejores virtudes que puede tener un poeta... El lector sabrá cerrar el círculo.

Leyendo a Zelarayán en la cama
algo me distrae –quizá me atrae–
es tarde y el silencio abunda
pero chirrian las rueditas de un carro
y en la calle el cartonero aplasta
hasta el desánimo botellas de plástico
roña del consumo y el envase
atravesados por el aullido de un perro-lobo
objeto del harapo que anuncia el día
otro día
uno más
para el cartonero
para mí
para la muerte que se va a la cama
sin poder soñar
mueca poco agraciada por el rumor
el rugido umbroso
pero es otro día
y hay sol en la plaza
y en la esquina un anciano
se levanta del banquito
–¿Usted es plomero?
–No, soy peronista
ríe y contesta el morocho
de valija obrera
y la risa nos defiende del sentido común
y así no hay Realitat
hay realidad en sentido fuerte
nada de ayer llovió
hoy hace calor
–o también–
está el cartonero y su carro y sus perros
la roña los envases el consumo
y el sujeto que riendo
le dice al anciano que el plomero que buscaba
es peronista. .

. . . . Conrado Yasenza
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La escritura según...

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César Aira: “Prefiero una narración que fluya rápido. Pongo el peso en la historia, no en los personajes. Los personajes son como muñequitos que están ahí para representar esa historia”.



Federico Jeanmaire: “Una escritura rápida no implica que se escriba velozmente”.



Paul Auster: “Si escribo una novela, siento como si estuviera viéndolo todo en tres dimensiones. Pero si escribo un guión, pienso en un rectángulo, y además todo va cortado en trocitos y todo es diálogo. En mis novelas, apenas hay diálogos”.



Ana María Shua: “A mí me gusta mucho trabajar con la primera persona porque me gusta todo lo que la primera persona no sabe; prefiero trabajar con límites. La primera persona puede conocer su propio interior, pero en cuanto al resto del mundo, lo mira como miraría una cámara. En cambio, no me gusta tanto narrar desde un narrador omnisciente, que sabe todo. Esa falta de límites me marea un poco”.
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Una digresión sobre el pan y la poesía

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. . . . . El arriero (de Atahualpa Yupanqui)

En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos
el arriero va, el arriero va.

Es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan las flautas del pajonal,
y animando la tropa por esos cerros
el arriero va, el arriero va.

Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda.
Las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas.

Un degüello de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.

Amalhaya la noche traiga un recuerdo
que haga menos pesada la soledad.
Como sombra en la sombra por esos cerros
el arriero va, el arriero va.
. . . Al recibir el Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda dijo en su discurso, entre otras cosas: “El poeta no es un «pequeño dios». No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria”.
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. . . Permítaseme no estar del todo de acuerdo con Neruda. Es cierto, el poeta no es un dios; pero participa de la creación, porque cada poema nace para la eternidad. Si no fuera así, no tendría sentido el acto de entrelazar versos; el poeta sería como un jugador de fútbol que patea al arco sin estar convencido de que el destino de la pelota es el gol.

. . . Por otro lado, así como existen grandes y pequeñas diferencias cualitativas entre los poetas, también hay entre los panaderos peculiaridades del oficio que distinguen a uno de otro. Pues, por alguna razón compramos el pan en aquella panadería y no en esa otra. El pan que se hace en aquélla es más sabroso.
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. . . Del mismo modo (si bien todos podemos escribir poesía), hay poetas a quienes el “pan” les sale más sabroso. Hay muchos “poetas” que para referirse al atardecer dicen “El cielo tiñó de rojo el horizonte”... Pero por ahí surge un Atahualpa Yupanqui que dice “Un degüello de soles muestra la tarde...”
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. . . ¿Qué hizo Yupanqui en ese verso? Elaboró un pan muchísimo más sabroso que el de otros poetas... Evitó el lugar común y creó una figura; es decir, participó del acto divino de la creación. Y como quien saborea ese pan delicioso de la poesía, el lector descubrirá además que los remolinos pueden bailar, el sol jugar en el pedregal y el poncho ser una bandera de niebla.

Agustín Gribodo.-
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La pintura que ilustra esta entrada se titula Hombre con caballo y es de Ricardo Carpani (1930-1997). Creador de una obra de fuerte contenido social que lo llevó a sufrir exilio, Carpani se ha convertido en un referente obligado del arte social argentino de los años 60 y 70. (Ver más sobre Ricardo Carpani.)
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Tertulia

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Gabriel García Márquez: “La opinión de los críticos me interesaba mucho al principio, ahora, bastante me­nos. Encuentro que han dicho pocas cosas nuevas. Hubo un momento en que dejé de leer las críticas porque en cierto modo estaban condicionando —y de algún modo me estaban diciendo— cómo debería ser mi próximo libro. Una vez que los críticos racionali­zaban toda mi obra yo iba descubriendo cosas que no me conve­nía descubrir. Mi trabajo dejaba de ser intuitivo”.



Paul Auster: “La idea de llevar o no una carrera literaria me importa poco. No pienso en términos de publicar una novela cada año, de tener siempre un libro en curso, de satisfacer de manera regular una demanda. Yo hago lo que hago por necesidad, guiado por el deseo, por un impulso que tiene que ver con mis obsesiones y con las oportunidades que se me presentan”.



Abelardo Castillo: “Cuántas veces se dijo: «Ya no se puede escribir como Balzac». Y no, no se puede escribir como Balzac por la sencilla razón de que Balzac ya existió. Y escribir a la manera de Balzac no tendría ningún sentido. Lo que pasa es que no se puede ser Balzac. Creer que hay una forma «novela» y que la agota un grupo de escritores es una ingenuidad. Me parece que de esto ya venían discutiendo Hesíodo y Homero, y debían decir también que la poesía estaba en crisis”.
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Concurso: Prosa poética para mayores de 50


En una época en la que muchos certámenes literarios se realizan exclusivamente para menores de 40 años de edad (como si un escritor no pudiera ser “revelación” a los 50 o a los 60 años, o como si todos los escritores debieran estar consagrados a los 41), el grupo literario Buscando un Río convoca a un concurso de prosa poética para mayores de 50 años.
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Este certamen se realiza para celebrar el tercer encuentro poético “Padua es una rosa”, que se celebrará en junio de 2010 en la localidad de San Antonio de Padua, oeste del Gran Buenos Aires.
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Las bases y condiciones pueden ser consultadas en la página web del Centro Cultural de Padua.
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Poesía sin corbata: viejas y nuevas lecturas


Cierta vez a Pablo Neruda le criticaron el uso de la palabra “patitos” en uno de sus poemas. El autor chileno respondió que mientras existiera la palabra “patitos” y la poesía se hiciera con palabras, él habría de seguir escribiendo “patitos” en sus poemas.
La anécdota, tal vez no exactamente igual a como aparece en mi recuerdo, figura en el libro de Neruda Memorias, confieso que he vivido, y se contrapone a la idea formal que muchos lectores (poetas incluidos) tienen de la poesía.
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El lugar común no sólo aparece en la rima gastada y en expresiones utilizadas hasta el cansancio, sino también en el modo de ver y comprender la creación poética. Los lectores deberíamos sacarle a la poesía ese manto sagrado con el que secularmente la hemos cubierto..

Quizá sea la ausencia de amplitud mental o la falta de nuevas lecturas. Y con esto no quiero decir que que sólo hay que leer autores jóvenes: vaya como muestra un brevísimo poema del portugués Fernando Pessoa (1888 – 1935), a quien ya no puede adjudicársele el pecado de la juventud:

Poco me importa.
¿Poco me importa, qué?
No sé: poco me importa.

Walter Iannelli y Rolando Revagliatti de quienes transcribo a continuación sendos poemas, son una clara señal de la adaptación de la poesía al cambio de los tiempos. Lo hicieron en su momento creadores como Pablo Neruda y Fernando Pessoa (este último aparece arriba en la imagen), y lo hacen hoy muchos otros.
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. . Walter Iannelli (Bs. As., 1962) es editor, periodista cultural y escritor. Publicó, entre otros libros, Alguien está esperando (cuentos), Sanpaku (novela), Zumatra y la mecánica de tu corpiño (poesía) y Metano (cuentos). Edita el blog Sinécdoque:

Un día en Zumatra

Un día en Zumatra
sin piel que cubra las cosas
sin bisagra.
Un día en Zumatra para comprar
flores sin destino

un río un mapa un zumatrino.

El corazón media en sus
raíces y no hay
cómo detenerlo.
Las nubes, por ejemplo, están.


. . Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) tiene entre sus últimas publicaciones los libros de poesía Trompifai, Corona de calor, Sopita y Del franelero popular. Su sitio web es http://www.revagliatti.com.ar/ :

Mar del Plata

Boca abajo en la playa
codos en la arena
Mecha, divertida

Muy en segundo plano
a la izquierda
agua y gente
A la derecha
gente y casino

Eduardo, bastante tostado
Los dos, lindos

Los minicuentos de Ricardo Rubio


El jueves 3 de diciembre de 2009, a las 19, se presentará el libro Minicuentos grises, de Ricardo Rubio, en la sala Augusto Cortazar de la Biblioteca Nacional, en la ciudad de Buenos Aires.
Editado por el sello Antares, el libro cuenta con las ilustraciones de Rubén Pergament.
A continuación, como para entrar en clima, un minicuento gris de Rubio:

. . . Revancha

La dejó sola frente al juez de paz y se fue con otra que por otra abandonó al poco tiempo. Eso recordaba ahora con el tierno pensamiento de un niño asomado a la distancia. Miró a la loca del bar y pidió una botella. Desde entonces, el ocio del negocio lo consumía y el alcohol le agotaba las monedas, la garganta y le arrobaba del rostro. Un albur alborotado lo sumía en el fárrago atroz de una existencia llena de vacío y destiempo. Estaba recordándola cuando ella entró al local con una blusa ingenua y una pollera a dos aguas. Se miraron como en los viejos tiempos. Él sintió que lo buscaba; ella, que lo había encontrado. La mujer se detuvo sumisa ante su mesa y comparó el recuerdo con lo que estaba viendo. Ella sabía que él seguía en el oficio; se sentó, abrió la cartera y le mostró la foto de un fulano y un fajo de cinco que no ocultó hasta terminar con los detalles. Mirándola, él recordó la ingeniosa ingeniería de aquel cuerpo abierto a su última sonrisa, ahora mudo para él. Ella miró su reloj y ajena le dijo: “ahora”. Él consintió, se incorporó, se acomodó el treinta y dos todavía caliente de un asunto previo, y salió hacia la calle, dejándola allí, sumida en el ruido de la máquina de apuestas. Circuló por la avenida y encontró al candidato estacionado en la puerta del club donde ella le dijo que estaría. Se detuvo y caminó hacia el auto con el arma en la diestra. Al llegar, desde el asiento trasero le dispararon tres veces en el pecho. El humo aún recorría el silenciador cuando la mano enguantada del otro lo separó del caño. Media hora después, el sicario entró al bar, buscó a la mujer, se acercó a su mesa y reclamó el fajo de cinco, unos besos y, ya que estaba, una friega.
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La novela según...

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Gabriel García Márquez: "Un crítico escribió que con Cien años de soledad yo intentaba una metáfora del hombre moderno y su sociedad enferma. Y no es así. Yo quise exclusivamente contar la historia de una familia que durante cien años hizo todo lo posible por no tener un hijo con cola de cerdo y que, precisamente, por las medidas que tomaron para no tenerlo, terminaron teniéndolo. En síntesis, ése es el argumento del libro; pero eso de simboli­zar... Alguien que no es crítico decía que proba­blemente el interés que el libro había despertado era porque por primera vez se cuenta realmente la vida privada de una familia de la América Latina"



César Aira: "Me parece que la novela de hoy en día, en la Argentina por lo menos, se está haciendo cada vez más estereotipada, más convencional, de un realismo más chato. Es una corriente de una especie de sencillismo o de facilismo, que es lo dominante ahora".



Paul Auster: "La verdad es que no me considero un novelista. La novela entendida al modo de Stendhal, como un fresco realista o un espejo al lado del camino, no me interesa y además no es mi tradición. Esa tradición de la novela decimonónica me queda muy lejos. Yo me veo más bien como un relator, un fabulador: estoy lleno de historias. A mí lo que me apasiona es contar historias".
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Diálogos: esas voces de la literatura

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. . . Un diálogo bien logrado define el carácter de los personajes. El modo y las palabras elegidas revelan no sólo la voz de quien habla, sino también las intenciones y los estados de ánimo. De ahí la importancia que adquiere su buen uso, que no siempre requiere la interacción verbal de dos personajes. Tampoco se trata de llenar líneas con verborragia hueca. A su vez la acción también es una forma de diálogo... Y al fin y al cabo, hasta el monólogo interior es comunicación en la que intervienen dos términos: por un lado, el personaje emisor y, por el otro, el mismo personaje u otro, o incluso el lector.
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Cuando se habla de las voces en una obra literaria, vienen a la memoria novelas y cuentos que son muestras acabadas de la destreza y la hondura de su autor. Son muchos los ejemplos que podrían citarse, e imagino que cada quien tiene los suyos. Entre mis preferidos aparecen como paradigmas Pedro Páramo, novela de Juan Rulfo, y Torito, cuento de Julio Cortázar.
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. . . Y para dar una claro ejemplo del buen empleo de este recurso puede leerse (debajo de estas líneas) Escena en movimiento, breve cuento de Mario Capasso en el que la voz y la acción son una unidad indisoluble, así como la síntesis perfecta del personaje en cuestión. Este escritor argentino nació en 1953 y reside en Villa Martelli, localidad del Gran Buenos Aires. Ha publicado, entre otros libros, El futuro es un tropel absurdo y Piedras heridas (cuentos), y El edificio (novela). Para conocer más de él, se puede ver su página web.
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. . . La pintura Calles de Nueva York, que ilustra esta entrada, pertenece al artista español Ernest Descals, nacido en 1956. Con un clic se puede saber más sobre él.
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Escena en Movimiento (de Mario Capasso)

Un hombre sube a un taxi, a poco de andar el taxista lo reconoce y se lo hace saber, que lo vio anoche, le dice, que en realidad lo ve todas las noches, y que nadie lo moleste a esa hora porque lo mata, que está muy bueno el programa, que lo ve desde que empezó, al principio porque le gustaba a su mujer pero luego él también se enganchó, que su personaje es, lejos, el mejor de todos, y está seguro que de un momento a otro va a descubrir que su madre no es su madre, que se va a casar con Elena finalmente, y que ese Garrido las va a pagar todas juntas, qué, cómo, ah, que Garrido es usted, no puedo creerlo, uh, qué chambón que soy, cómo pude confundirme si anoche vi el programa, en realidad lo veo todas las noches, largo el taxi y llego a casa y mientras como algo lo miro, se lo juro, muy bueno, che, muy bueno el programa, desde que empezó que lo vengo siguiendo, y estoy seguro que Daniel va a descubrir de un momento a otro que su madre no es su madre y que al final se va a casar con Elena, y van a ser muy felices, la pareja más feliz del mundo, mal que te pese a vos, Garrido, hijo de puta.

Decálogo del escritor (por Augusto Monterroso)


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Augusto Monterroso (1921 - 2003) no sólo fue un gran maestro en el terreno de los minicuentos o microrrelatos. Este escritor hondureño, que residió casi toda su vida en Méjico, también fue un maestro de la ironía y el humor, condición que enriqueció su obra. El ingenioso decálogo de su autoría así lo demuestra:
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1) Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
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2) No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos –como hacen tantos– para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
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3) En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".
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4) Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; jamás escribas nada con cincuenta palabras.
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5) Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
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6) Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
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7) No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
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8) Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
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9) Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
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10) Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
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11) No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
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12) Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
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(El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.)
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. . . . . . . . . . . . . . . . . . .Ver más sobre Augusto Monterroso
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Hay más cosas en el cielo y en la tierra

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METAFÍSICA
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con mi hijito
paseamos por el cementerio
y me pregunta
¿qué hacen los muertos?
Están acostados sin moverse
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¿todo el día?
Sí querido, todo el día
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y a la noche ¿se pueden mover?
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No sé
nunca vine de noche
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vengamos una noche, papi
vengamos una noche
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dijo
y siguió con su bici
entre los panteones.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Alejandro Schmidt
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De acuerdo con sus raíces griegas, la palabra metafísica significa “lo que viene después de la naturaleza”, es decir, “lo que está más allá de lo físico”. Y según lo que me ha comentado Alejandro Schmidt, este poema es la transcripción literal de la charla que mantuvo con su pequeño hijo, una mañana de visita en el cementerio.
La virtud de esta breve joya –cuyo autor nació en 1955 en la ciudad cordobesa de Villa María, donde reside actualmente– consiste en mostrarnos, de un modo simple y directo, la visión natural de los niños respecto del mundo, una visión que con el paso del tiempo y la (de)formación vamos perdiendo. Es como si, emulando una escena de Hamlet, el pequeño hijo le dijera al experimentado padre: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que ha soñado tu filosofía”.
Alejandro Schmidt tiene una vasta obra publicada en una veintena de libros (Metafísica pertenece a En un puño oscuro, publicado en 1998). Es además periodista cultural y dirigió la editorial Radamanto. Con un clic se puede acceder a sus blogs y conocer la tarea de difusión cultural de este intelectual cordobés.
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La composición fotográfica que acompaña esta entrada, se titula Fantasía y pertenece a Roberto Bernabitti, vecino de San Antonio de Padua, en el oeste del Gran Buenos Aires, quien, además de dedicarse al cine y la fotografía, cultiva el infrecuente gusto por la amistad.
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La escritura según...

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Jorge Luis Borges: “Cada tema tiene su estética. Cada tema nos dice si él quiere que lo escribamos en verso, en forma clásica, en verso libre, en prosa... Creo que la estética es dada a cada tema”.



Abelardo Castillo: “Cuando sentís por primera vez la necesidad de escribir, lo sentís como algo irrevocable. Para algunos escribir puede ser un hobby... Es decir, para mí, dibujar puede ser un hobby, un entretenimiento; para Carlos Alonso, una fatalidad, una elección”.



Federico Jeanmaire: “No se trata de inventar nada. Pero si tu vida gira alrededor de escribir el día entero, no es para repetir lo que ya escribieron otros, sino para buscar algo y apropiártelo de un modo personal”.



Adolfo Bioy Casares: “Escribir me cuesta trabajo. Si bien cuando concluyo un libro creo que ya sé escribir y que escribiré el próximo rápidamente, cuando lo empiezo tengo las mismas dificultades de siempre y debo descubrir cómo escribirlo”.
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El Creyente

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. . . En ciertas ocasiones nos invade la tentación de escribir palabras en la arena; tal vez con la pobre ambición de grabar en el mármol nuestro nombre. Así, tras la ilusión de decir algo, vamos perdiendo tiempo y verticalidad (como si los días de un solo hombre valieran el intento).
. . . Garabatear sobre la arena es trabajo de héroes. La grandeza consiste en saber que la palabra será absorbida por la fuerza del mar y aun así escribirla. La inmortalidad es saberse polvo eternamente sujeto a la marea y seguir creyendo en la importancia de decir algo, como si se tratara de un rezo en el vacío de la noche.
. . . De todos modos, luego de unos pocos años el trabajo termina y nadie –ni siquiera uno mismo– recordará si valió la pena el intento.

Agustín Gribodo.-

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El cuento según...

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Adolfo Bioy Casares: "El cuento de final a toda orquesta tiene algo falso. Hay una reacción justificada contra eso; pero hay que tener cuidado también de no dejar la sensación de: y bueno, ¿qué? El ideal es no subrayar demasiado las cosas, pero en el final hay que dejar que todo se entienda. Hay que saber decir sin subrayar".



Gilbert K. Chesterton: "Lo primero y principal es que el objetivo del cuento de misterio, como el de cualquier otro cuento o cualquier otro misterio, no es la oscuridad sino la luz. El cuento se escribe para el momento en el que el lector comprende por fin el acontecimiento misterioso, no simplemente por los múltiples preliminares en que no. El error sólo es la oscura silueta de una nube que descubre el brillo de ese instante en que se entiende la trama. Y la mayoría de los malos cuentos policíacos son malos porque fracasan en esto. Los escritores tienen la extraña idea de que su trabajo consiste en confundir a sus lectores y que, mientras los mantengan confundidos, no importa si los decepcionan. Pero no hace falta sólo esconder un secreto, también hace falta un secreto digno de ocultar. El clímax no debe ser anticlimático. No puede consistir en invitar al lector a un baile para abandonarle en una zanja".



Mempo Giardinelli: "La sabiduría de todo buen cuentista también consiste en saber que los mejores cuentos de la literatura universal dependen, en última instancia, de la temperatura emocional que sea capaz de transmitir lo narrado. Todo buen cuento debe tocar alguna fibra íntima del lector".
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Arlt y la inutilidad de los libros


EL ESCRITOR COMO OPERARIO


. . . Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después... que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.
. . . En nuestros tiempos el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. Él es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto de los libros y respecto de los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios...
Roberto Arlt murió en 1942 y este texto podría haber sido escrito ayer sin que por ello perdiera la actualidad que tuvo cuando lo escribió el autor de Los siete locos. Cuando hoy uno descubre tantos escritores devenidos en escribas que opinan sobre política, religión y arte culinario, no puede hacer menos que admirar la sinceridad de Arlt en el aguafuerte porteña La inutilidad de los libros, a la que pertenece el texto de esta entrada. Salud, don Roberto.
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La poesía según...

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Pablo Neruda: “El poeta no es un «pequeño dios». No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria”.



Mario Benedetti: “Un poema lo puedo escribir en un avión, en un fin de semana o mientras espero al destino”.

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Juan Gelman: “La realidad es compleja, y creo que uno también lo es. El tema no es buscar complejidad, la poesía no es una cuestión de voluntad y aunque habrá quien lo hace, en lo general no es cosa de buscar una expresión compleja o simple, sería un error. Lo que hay que buscar es lo que uno necesita expresar, la obsesión. Lo complejo es la poesía misma, en el sentido de que es inaferrable. Y la búsqueda de un milagro es lo que empuja a escribir”.
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El más pintado... Enrique Wernicke

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. . . .Confesión

...Yo tenía una amante fea y empezaba a aburrirme de ella. Pero durante aquel verano había llovido mucho y el jardín estaba precioso. Las plantas me consolaban, y los días se me iban sin pensar demasiado.
...Cuando llegó el otoño, despaché a la fea. Quedé solo un tiempo y luego volví a casarme. Era la tercera vez que intentaba la convivencia formal.
...No hay experiencia vital más aleccionadora que cambiar de mujer. La vida es cruel, dicen. Bueno, ya está. Hace tres años que vivo con una muchacha más estúpida que muchas otras. Y no sé cómo desprenderme de ella. ¿La mato?, ¿la tiro a la calle?, ¿abandono todo y desaparezco?, me pregunto todos los días.
...Pero también me pregunto quién ganará la octava carrera del domingo. Es que la vida es una sola pregunta sin respuesta.
...Paciencia. Hay que creer en la providencia. Tal vez un día de éstos, cuando suba a colgar la ropa, se cae de la azotea.
...Azotea, azotea... ¡Cómo no se me ocurrió antes, maldita sea!

Confesión pertenece al libro Cuentos, de 1968, volumen en el que, tal vez, se encuentran los textos más crueles de Wernicke. Hace un par de semanas recibí un mail de la hija de Enrique, María (excelente ilustradora), en el que me recordaba que ese día, 30 de agosto de 2009, se cumplían 41 años de la muerte del autor.
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Este no es un homenaje, algunos grandes no necesitan homenajes, ellos persisten en sus obras. De Enrique Wernicke hay una edición de sus cuentos completos publicada por Colihue en el año 2001. Quedan en la memoria las formidables novelas La ribera y El agua, hoy casi inhallables, y sus Sainetes contemporáneos (piezas para teatro). Como una deuda incomprensible de los editores, existe un diario inédito de unas 1500 páginas, titulado Melpómene, del que sólo se conocen algunos pasajes publicados hace muchos años en la revista Crisis.
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Por su originalidad, la obra de Wernicke puede ser comparada con las de Roberto Arlt y Felisberto Hernández. Su escritura es conmovedora y por momentos alcanza una síntesis extrema. (Ver, en este blog, Woody Allen y la originalidad de Wernicke.)
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La pintura que ilustra esta entrada, La azotea de Valle, pertenece a Francisco Vera Muñoz, artista nacido en Córdoba, España, en 1978. De él pueden apreciarse otras obras (con un solo clic) y comprobar cómo, a pesar de su juventud, posee un claro dominio del color y la luz en un realismo de espacios abiertos.
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La novela según...

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César Aira: “Esas cien paginitas que suelen tener mis novelas son tres o cuatro meses de trabajo. Pero si lo logro mantener y si la idea inicial fue fecunda y todo funcionó, sale y quedo contento”.



Abelardo Castillo: “En la novela hay algo que va a suceder, que no está muy claro. La situación es vaga, brumosa. El camino se irá haciendo al caminar”.



Claudia Piñeiro: “El padre de mis hijos es arquitecto, por eso escuché muchos años hablar del tema. Hay algo en la construcción de un edificio que se relaciona con el armado de una novela. Hay cuestiones estructurales, estilos, decisiones estéticas y funcionales que se repiten en la literatura. Siempre me interesó ese paralelismo”.
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Apuntes de una literatura en conflicto




Sarmiento
Echeverría
Arlt
Mallea
Sábato
Borges...



Partiendo de la dicotomía “civilización y barbarie”, y a pedido de la revista cultural La Tecl@ Eñe, Agustín Gribodo desgranó unos apuntes acerca de la historia literaria argentina, una historia marcada por la grieta de un país siempre propenso a las antinomias. Lo que sigue es el comienzo de esos pensamientos, y a continuación se puede acceder al texto completo:

.. . "Así como la historia no es monolítica, la literatura tampoco tiene una dirección única ni puede ser comprimida en un corpus de carácter “nacional”. Aunque sí existen características que hacen a la idiosincrasia de un pueblo y que, inexorablemente, se proyectan en el pensamiento y las obras de los artistas.
. . . "Y es la literatura la rama del arte que más estrechamente está ligada a la historia de un pueblo, pues por medio de la literatura se pueden desarrollar (en el texto teatral, el cuento, la novela y la poesía épica) líneas de pensamiento que interactúan con los hechos que forman el pasado y el porvenir de ese pueblo, ya sea de manera explícita o alegórica.
. . . "De ningún modo –conviene aclararlo– estoy hablando de la “historia novelada”. Lo que se intenta establecer en estos apuntes es la conexión profunda de la literatura con un pueblo, o mejor dicho, con la historia de ese pueblo."

(Ir al artículo completo) .

El símbolo: arte y realidad

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Todo símbolo es la representación de una realidad y, por ende, la realidad encuentra en el arte el espejo alegórico más profundo. Pero también la realidad puede ser un símbolo del hombre, así suelo pensar cuando enciendo el televisor o abro el diario por las mañanas. Así también lo creyó Carlos Marini cuando realizó la monocopia y collage que ilustra esta entrada, a la que tituló, precisamente, El diario de la mañana.
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Cuál es el símbolo y cuál la realidad. Al parecer, los poetas Carlos Kuraiem, Beatriz Pico y Ricardo Krakobsky se hicieron esa pregunta al escribir sus versos. Uno desde la luz; otra desde la página en blanco; el último desde un barco de papel. Los tres han dejado un símbolo de la palabra, que al fin y al cabo es la realidad de los poetas.

Kilómetros de silencio
medianías del cuarenta y tres
donde aprendo a escribir y a leer todos los días
kilómetros achicados por los pensamientos
me acompañan canciones
. . . . . . . . . . . . . . . . . recuerdos...
¡La música lata de mis versos!
Kilómetros donde canta el mixto
y yo enciendo la luz
para que alguien la vea.
(Carlos Kuraiem; “Kilómetros”, del libro De laúdes y mistoles – 2006)

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Es un silencio.
Su blancura,
más que el absoluto
del silencio.
Una página en blanco
–pretenciosa de persistir en blanco–
es un alerta:
¡Cuidado! ¿Qué sobre mí
vas a decir al mundo?
Entonces la blancura
nos pone de patitas en la calle,
o el miedo nos conduce del brazo
–pobres pacientes de loquero–
a tomar sol al patio.
No más páginas blancas:
Aunque sea una sola palabra:
. . . . . . . . . . escapo, escapo, escapo.

(Beatriz Pico; “Una página en blanco”, del libro El ciervo y otros poemas - 2007)


Los días suelen llegar en remolino.
Entonces ese
que entibia el espejo
decide doblar este papel en cuatro
para darle forma de
embarcación
y salvarse del naufragio.

(Ricardo Krakobsky; “Embarcación”, del libro Vértebras los días – 2009)

Roberto Fontanarrosa: "Las malas palabras"

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Discurso pronunciado en el Congreso de la Lengua realizado en Rosario, en noviembre del 2004
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. . . No voy a lanzar ninguna teoría. Un congreso de la lengua es un ámbito apropiado para plantear preguntas y eso voy a hacer. La pregunta es por qué son malas las malas palabras, ¿quién las define? ¿Son malas porque les pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad porque se deterioran y se dejan de usar? Tienen actitudes reñidas con la moral, obviamente. No sé quién las define como malas palabras. Tal vez al marginarlas las hemos derivado en palabras malas, ¿no es cierto?
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. . . Muchas de estas palabras tienen una intensidad, una fuerza, que difícilmente las haga intrascendentes. De todas maneras, algunas de las malas palabras... no es que haga una defensa quijotesca de las malas palabras, algunas me gustan, igual que las palabras de uso natural.
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. . . Yo me acuerdo de que en mi casa mi vieja no decía muchas malas palabras, era correcta. Mi viejo era lo que se llama un mal hablado, que es una interesante definición. Como era un tipo que venía del deporte, entonces realmente se justificaba. También se lo llamaba boca sucia, una palabra un poco antigua pero que se puede seguir usando.
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. . . Era otra época, indudablemente. Había unos primos míos que a veces iban a mi casa y me decían: “Vamos a jugar al tío Berto”. Entonces iban a una habitación y se encerraban a putear. Lo que era la falta de la televisión que había que caer en esos juegos ingenuos.
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. . . Ahora, yo digo, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión, de grafismo al hablar. Como esos chicos que dicen: “Había un coso, que tenía un coso y acá le salía un coso más largo”. Y uno dice: “¡Qué cosa!”
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. . . Yo creo que estas malas palabras les sirven para expresarse; ¿los vamos a marginar, a cortar esa posibilidad? Afortunadamente, ellos no nos dan bola y hablan como les parece. Pienso que las malas palabras brindan otros matices. Yo soy fundamentalmente dibujante, manejo mal el color pero sé que cuantos más matices tenga uno, más se puede defender para expresar o transmitir algo.

. . . Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física. No es lo mismo decir que una persona es tonta, a decir que es un pelotudo. Tonto puede incluir un problema de disminución neurológica, realmente agresivo. El secreto de la palabra “pelotudo” –que no sé si está en el Diccionario de Dudas– está en la letra “t”. Analicémoslo. Anoten las maestras. Hay una palabra maravillosa, que en otros países está exenta de culpa, que es la palabra “carajo”. Tengo entendido que el carajo es el lugar donde se ponía el vigía en lo alto de los mástiles de los barcos. Mandar a una persona al carajo era estrictamente eso. Acá apareció como mala palabra. Al punto de que se ha llegado al eufemismo de decir “caracho”, que es de una debilidad y de una hipocresía…
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. . . Cuando algún periódico dice “El senador fulano de tal envió a la m… a su par”, la triste función de esos puntos suspensivos merecería también una discusión en este congreso.
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. . . Hay otra palabra que quiero apuntar, que es la palabra “mierda”, que también es irremplazable, cuyo secreto está en la “r”, que los cubanos pronuncian mucho más débil, mielda, parece chino y en eso está el gran problema que ha tenido el pueblo cubano en la falta de posibilidad expresiva.
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. . . Lo que yo pido es que atendamos esta condición terapéutica de las malas palabras. Lo que pido es una amnistía para las malas palabras, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje porque las vamos a necesitar.
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Tertulia

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Charles Baudelaire: “La línea recta consiste en decir: «El señor X es un hombre deshonesto y además un imbécil; cosa que voy a probar» –¡y a probarla!–. Recomiendo este método a quienes tengan fe en la razón y buenos puños”.



Joaquín Giannuzzi: “Para asumir las verdades humanas hay que estar en el mundo”.



César Aira: “Un editor amigo mío decía que de cada diez libros que se piensan, uno se escribe. De cada diez libros que se escriben, uno se publica. De cada diez libros que se publican, uno se vende. Y de cada diez libros que se venden, uno se lee”.



Abelardo Castillo: “Todas las generaciones están en disputa con las anteriores y en deuda con ellas. Cuando uno quiere estar únicamente en polémica con la generación anterior, en general no es un buen escritor: es alguien que quiere ser notorio. Si se quiere ser realmente llamativo, no hay necesidad de escribir: se sale desnudo a la calle y se terminó; ése es un rasgo de rareza que comentarán todos”.
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"El tiempo mata", de Agustín Gribodo


El tiempo mata, novela de Agustín Gribodo, mereció la 2a. Mención en el Premio Bienal Federal 2008. Fue publicada por Ediciones de la Cultura con un trabajo de tapa del fotógrafo paranaense Roberto Giusti.


Dijo el escritor Federico Jeanmaire acerca de esta obra:

“Debajo de una trama que oscila entre el policial y el drama familiar, la primera novela de Gribodo se da tiempo para preguntarse, también, por la identidad, por las ausencias, por la sinrazón y por los lazos que, muy precariamente, acostumbramos a construir los seres humanos. Sin respuestas, sólo con preguntas. Como suele hacerlo, desde siempre, la literatura.”

Podés leer el comienzo de la novela.

Criticas sobre El tiempo mata.

Puntos de venta.

Ella, en la literatura y el arte fotográfico

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... Ella se vuelve apenas un murmullo, esa gotita de agua que se descuelga de la canilla y humedece esta tierra solitaria que llevo en mí; es una bolita de algodón que yo tengo entre los dedos, con la que juego, con la que me defiendo cuando frente a la pantalla, entre pastas dentales, viajes en avión y medicina prepaga, me cuentan las atrocidades con que la humanidad festeja su entrada al tercer milenio. Yo miro sin ver eso con lo que me están urgiendo: aviones, metrallas, rostros que desfigura el horror, discursos, aplausos, cortes de manga, aunque en realidad estoy atento a esa gotita de luz que tengo entre mis dedos.
... Juego con ella, le doy todas las formas posibles, suelo darle vueltas y más vueltas, tantas que sin quererlo dejo de ser yo para irme incorporando a lo que es ella. Casi sin que ella lo advierta.
... Ella es entonces la que juega, la que me envuelve, la que me da todas las formas posibles, me transforma, me modifica, me distorsiona, soy una cucaracha y también un ángel, un pordiosero, el ser más rico del planeta, y ella es también la que, quizá sin proponérselo, me cura, me alimenta, me libera, me acompaña y me da fuerzas para seguir soñando.
El fragmento pertenece a Ella, novela breve de Juan Alberto Núñez de la que Isidoro Blastein dijo: “Ella es todas las mujeres, pero no es una sola mujer, es el alma de la mujer entrevista a través del simple y antiguo amor humano”.
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Núñez, más conocido en el oeste del Gran Buenos Aires como el Negro Núñez, es uno de esos escritores que no alcanzaron la trascendencia que otorgan las grandes editoriales, aunque su obra puede, sin pudor, estar entre las mejores. Publicó también, entre otros, Contracuentos, Hay tanta gente que se parece, y El telegrama y otros cuentos, género en el que es un verdadero especialista.
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La ilustración pertenece a Roberto Giusti, fotógrafo de Paraná, Entre Ríos, creador de una técnica que él denomina pixelismo fotográfico. Gracias a la combinación de programas digitales consigue llegar al límite de lo figurativo y establecer un terreno en donde la fotografía adquiere el más profundo sentido del arte. Giusti expondrá hasta el 10 de septiembre de 2009 en Sunchales, provincia de Santa Fe, en la Fotogalería Fundación de la Cuenca, y con un solo clic se puede conocer más acerca de sus trabajos.
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El más pintado... San Juan de la Cruz

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Mi amado las montañas,
Los valles solitarios memorosos,
Las ínsulas extrañas,
Los ríos sonorosos,
El silbo de los aires amorosos.
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La noche sosegada
En par de los levantes de la aurora,
La música callada,
La soledad sonora,
La cena que recrea y enamora.

Estas estrofas pertenecen al Cántico espiritual. Como puede observarse, San Juan de la Cruz nada explica; en su poesía no existe la lógica sino la revelación.
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La poesía de San Juan puede comprenderse a través de los siguientes preceptos: 1) El tema es el amor. 2) El amor no puede decirse, es inefable. 3) El amor sólo es alcanzable por medio de la poesía; así, con figuras, comparaciones y semejanzas se sugiere algo de los “secretos y misterios”. 4) Un poema no puede ser entendido jamás a través de la razón. 5) Un poema nunca puede ser entendido ni explicado del todo.
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San Juan de la Cruz, junto con Santa Teresa, son los máximos representantes del misticismo español del siglo XVI.
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La Virgen en lápiz que ilustra esta entrada pertenece al escultor y dibujante Mariano Müller, cuyas obras pueden verse con un clic.
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Poesía, emoción y sentimentalismo

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Fernando Pessoa decía que “un poema es la proyección de una idea en palabras a través de la emoción”. Por ende, agregaba este gran poeta nacido y muerto en Lisboa, “la emoción no es la base de la poesía, sino tan sólo el medio del que se sirve la idea para ser reducida a palabras”.
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De esto se puede inferir que la emoción no es el poema. Tampoco la emoción es un cuento, una pintura, una película o cualquier otra expresión artística, sino el vínculo necesario entre el creador y la palabra o la imagen.
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Es común encontrarse con poemas “emotivos” que no han pasado por el tamiz artístico y han quedado naufragando en el mar del sentimentalismo. Esos simulacros de poema casi siempre pertenecen a gente que recién empieza a escribir y no tiene –o no ha alcanzado todavía– la formación que puede dar la lectura..., la buena lectura.
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En esos poemas “emotivos” abundan corazones desgarrados, letanías amatorias plagadas de lugares comunes, sensiblería patética y muchas –demasiadas– ganas de demostrar que el autor está sufriendo.
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Todo esto convierte al “poema” en algo que sólo tiene valor para quien lo ha escrito. De ahí mi alegría al descubrir dos autores jóvenes e inéditos que entienden la diferencia entre poesía, emoción y sentimentalismo.
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El primero, Jonatan Márquez –21 años, nacido en Merlo (provincia de Buenos Aires) y estudiante de teatro–, cuenta con una vasta obra inédita y hace poemas como éste:

FORMAS
Para ella es papel toda la luna
pájaro cansado el otoño
el abismo siempre frío y miel
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calle pesada la vida
su pena angustia de cristal
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sin embargo
para mí
que me embarco en sus ojos
toda ella es antorcha
devorándose el viento.
El segundo autor es Alberto Lago –reside en Vigo, España–; tiene 33 años y sus aficiones son la fotografía y los poemas, además de ser un gran lector y conocedor de la literatura universal:

GUÍAME
Como el agua arrástrame
corriente;
que mi mejilla acaricie su pecho
y mis oídos palpiten sobre su piel
y con la brisa mis labios áridos su sed sacien.
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Guíame
corriente;
mengua mis anclas, alza mis pies
aunque occiso, guíame
para así poderla ver.

En el caso de Jonatan Márquez se muestra una poética de imágenes, y en el de Alberto Lago se percibe un culto por la palabra, propia de la tradición poética española. En los dos ejemplos se aborda el tema amoroso pero se evita caer en el sentimentalismo y la queja lúgubre. Para ver otros poemas de Márquez, haz clic acá; para visitar el blog de Lago, cliquear aquí.
. . . La pintura que acompaña esta entrada es El beso y su autor es René Magritte.
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La ironía y la crítica social

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Según la definición tradicional, la ironía es una figura mediante la cual se expresa lo contrario de lo que en realidad se dice. Y, en un sentido más amplio, es una figura que abre la posibilidad de infinitas interpretaciones subversivas. De ahí el carácter de crítica social que la ironía aporta a la literatura.
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En el libro Historia, sociedad y carácter en la poesía siciliana contemporánea (1987 – Buenos Aires), Antonio Aliberti (poeta y ensayista ítalo-argentino) destaca la impronta irónica de la poesía siciliana y traduce, entre otros poemas, Somos, de Antonio Cremona (1931) e Infortunistica, de Federico Hoefer (1930).
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En estas obras se perciben con claridad dos aspectos fundamentales del uso de la ironía: primero, la intención política; segundo, el propósito de minimizar la tragedia, pero dándole a ésta un fuerte sentido de crítica social:

SOMOS
Y bien, somos unos disolutos;
nos gustan las mujeres, el vino,
la buena mesa, licores para beber
a todas horas, principalmente las mujeres
y banderas rojas con las que cubrirnos.
La verdad es que somos hombres:
mujeres fallidas.

INFORTUNISTICA
Leyendo extasiado
el cartel voluminoso
(rojo sobre fondo amarillento)
“El método de trabajo seguro
es el único método justo”,
se desplomó al suelo y murió:
golpeado en la nuca por la polea
de una grúa –carga 5 toneladas–
insensible, distraída
y además analfabeta.

La escritura según...

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Adolfo Bioy Casares: “Escribir consiste en hablar de todo. Uno va juntando toda clase de cosas que parecen poco importantes pero que van alimentándolo para escribir. Hago anotaciones sobre toda clase de cosas”.



Federico Jeanmaire: “Escribo porque jamás sé qué va a pasar en mis libros. Y eso me hace muy feliz. Me tiene que sorprender lo que hago”.



Ana María Shua: “Es difícil trabajar con el diálogo en castellano. El que hacía eso como nadie en el mundo era Manuel Puig, que tenía una oreja extraordinaria. Yo no tengo tanta oreja y por eso prefiero poner poco diálogo en los cuentos. Cuando aparece tiene que estar perfecto y entonces es mejor que sea cortito”.



César Aira: “Para mí, lo nuevo tiene su importancia. Ése es uno de los pocos consejos que puedo dar a mis jóvenes colegas: que no se esfuercen por ser buenos, por escribir bien, porque buenos escritores ya hay demasiados”.
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El más pintado... Jorge Luis Borges, en los trazos de Huadi

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. . . . .EL SUR

Desde uno de tus patios haber mirado
las antiguas estrellas,
desde el banco de sombra haber mirado
esas luces dispersas
que mi ignorancia no ha
aprendido a nombrar
ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
–esas cosas, acaso, son el poema.

Este poema pertenece al libro Fervor de Buenos Aires y fue publicado en 1923. Se trata del primer libro de Jorge Luis Borges y a pesar de la juventud de su autor –evidenciada, incluso, desde el título– ya se nota la madurez y la disciplina de un estilo. No hay desbordes verbales ni sentimentales, y se insinúa la precisión y la riqueza de una escasa adjetivación: el “secreto” aljibe, las “antiguas” estrellas; no mucho más.
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En la ilustración de Huadi –caricaturista político del diario La Nación, de Buenos Aires– se entrevén los arrabales en la figura de un Borges ya maduro y ciego... el Borges que contiene al joven fervoroso de Buenos Aires.
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Concurso de novela Letra Sur 2009


La editorial El Ateneo y la provincia de Chubut lanzaron la segunda edición del Premio Internacional de Novela Letra Sur.
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El jurado estará integrado por Juan Sasturain, Claudia Piñeiro y Martín Kohan, y el premio consistirá en la suma de 50.000 pesos y la edición de la obra.
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Podrán participar escritores mayores de 18 años y de cualquier nacionalidad con una obra escrita en idioma español. Las bases y condiciones pueden consultarse en http://www.premioletrasur.com.ar/ . El plazo para la presentación vence el 24 de agosto de 2009.
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La novela según...

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Juan Martini: “A la novela no sabés cuándo la terminás ni la cantidad de páginas que va a tener. En el relato no importa la cantidad de páginas que vayas a tener porque sabés que tiene un horizonte más cercano. La diferencia está en las estructuras y en la posibilidad enorme de digresión que te da una novela respecto de un relato”.



Abelardo Castillo: “En la novela –no en el cuento– sólo se puede confiar en el inconsciente y dejar que la obra vaya creciendo. Cuando el texto está construido y comenzamos la corrección, hay que recurrir a la lucidez para resignificar o exaltar determinados momentos. Durante la corrección de la novela sólo se puede estar lúcido. Para mí éste es el verdadero momento de la escritura: cuando se tiene ya la materia y se procede a su forma definitiva. Comparto con los griegos aquello de que la estatua ya está en el mármol”.



Jorge Volpi: “¿Para qué sirve una novela? Hay una forma de responder que incomoda a escritores y críticos por igual, pero que no por ello es menos verdadera: para vivir las vidas que no tenemos. Para observar aquello que no podríamos atisbar de otra manera. Para romper el drástico aislamiento que nos separa de los otros. Para sentir, por un instante, como sienten los otros. Para imaginar, por un instante, la vida de otros. Para ser, por un instante, otros”.
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El minicuento, ese navajazo de la creación literaria


Brevedad, precisión de lenguaje, anécdota comprimida y, sobre todo, acción contundente, ya sea psicológica o física, el minicuento, género del que mucho se ha dicho y se seguirá diciendo, es todavía un misterio que nos conmueve con una sola imagen, como un navajazo de la creación literaria.
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Los tres minicuentos que se transcriben a continuación son ejemplos de la síntesis que requiere este género. Pertenecen, uno, a Carlos Alfaro, madrileño nacido en 1947, de quien muy poco se puede encontrar en internet a no ser por algunas noticias acerca de premios recibidos y escasas referencias a sus trabajos literarios; otro, a Enrique Anderson Imbert, crítico literario nacido en la provincia argentina de Córdoba, en 1910, y fallecido en Buenos Aires en el año 2000; también fue ensayista y creador de una vasta obra narrativa –ver más– ; y, el último, a Ricardo Rubio, poeta, narrador, ensayista y editor nacido en Buenos Aires en 1951 –ver más–.

PATERNIDAD RESPONSABLE . . (de Carlos Alfaro)

. . . Era tu padre. Estaba igual, más joven incluso que antes de su muerte, y te miraba sonriente, parado al otro lado de la calle, con ese gesto que solía poner cuando eras niño y te iba a recoger a la salida del colegio cada tarde. Lógicamente, te quedaste perplejo, incapaz de entender qué sucedía, y no reparaste ni en que el disco se ponía rojo de repente ni en que derrapaba en la curva un autobús y se iba contra ti incontrolado. Fue tremendo. Ya en el suelo, inmóvil y medio atragantado de sangre, volviste de nuevo tus ojos hacia él y comprendiste. Era, siempre lo había sido, un buen padre, y te alegró ver que había venido una vez más a recogerte.

ALAS . . (de Enrique Anderson Imbert)

. . . Yo ejercía entonces la medicina en Humahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo le quité el poncho vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:
–¿Por qué no volaste, m’hijo, al sentirte caer?
–¿Volar? –me dijo– ¿Volar, para que la gente se ría de mí?


LA OTRA TIERRA . . (de Ricardo Rubio)

. . . Sentía rechazo por las ideas de los adultos, de las que no quería saber nada. Sus diecisiete lo vestían de huesos largos, buena nariz y barba rala. Pensaba, o creía que pensaba en la estafa de sus mayores y de los mayores de sus mayores, y esa mañana decidió cambiar para seguir siendo el mismo. Dejó una carta a su madre, con la que intentó superar el miedo a necesitarla; pensó que a su padre no le importarían dos manos menos, después de todo, también se llevaría la boca; para sus hermanos no tuvo ni el destello del desgano. Partió hacia las aventuras del ruido y la melancolía; durmió en lechos de silencio y extrañó las tibias manos con tisana y las madrugadas con labios y sonrisas. Supo entonces que sólo el acto destina, pero ya tenía treinta y no sabía aún si las voces de los hombres concordaban con sus manos. Capituló la dicha, capituló la pena; y la pena y la dicha se fueron con él, tiempo después, cuando lo crucificaron.

.. . . (La pintura que acompaña esta nota al margen pertenece a la artista plástica Irene Morack; con un clic se puede conocer más de su obra.)
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Certamen de poesía para libros publicados


La Biblioteca Alternativa Tilo Wenner, la Asociación de Teatro Metamorfosis, de Paraná, y la Casa de la Cultura de Entre Ríos convocan a la primera edición del Premio Internacional de Poesía “Juan L. Ortiz” para libros de poesía publicados.

Se estableció para esta primera edición una recompensa consistente en: una obra de arte inspirada en el libro ganador (cuya confección se encargará luego del fallo del jurado a un reconocido artista plástico) y la suma en efectivo de 2000 pesos (moneda argentina), o su equivalente en dólares en caso de que el ganador no fuera argentino.

Podrán participar todos los autores que lo deseen, con libros de poesía impresos en cualquier fecha y lugar, con o sin ISBN y sin límites de extensión, siempre y cuando estén escritos en idioma español.

Para conocer las bases completas y adónde debe efectuarse el envío, comunicarse con bibliowenner@gmail.com. La recepción de obras cierra el 21 de septiembre de 2009.
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Además de concursar, se estará difundiendo poesía a través de las bibliotecas entrerrianas.
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La poesía según...

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Jorge Luis Borges: "La idea de la poesía como chorro de palabras es una idea del todo errónea, una idea falsa".



Mario Benedetti: "La poesía es el género en el que un escritor interviene más con su propia vida. Los otros géneros son de ficción, la poesía no".



Vicente Huidobro: "Si la verdadera poesía contiene siempre en su esencia un sentido de rebelión, es porque ella es protesta contra los límites impuestos al hombre por el hombre mismo y por la naturaleza. La poesía es la desesperación de nuestras limitaciones.”
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El más pintado... Andrés Cascioli

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. . . Tuve la suerte de conocer a Andrés Cascioli en estos últimos meses y disfrutar de su simpatía y generosidad. En la foto aparece junto a un Borges creado por él. Falleció el 25 de junio de 2009 a la edad de 73 años.
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. . . Se inició en el diseño publicitario y el dibujo de historietas, dirigió agencias y títulos en esos campos. En 1972 fundó, con Oskar Blotta, la revista Satiricón y en 1978, Humor Registrado. En torno a Humor, dio vida a Ediciones de la Urraca, sello que editó más de una decena de revistas entre ellas El Péndulo, El Periodista de Buenos Aires, Humi y Fierro.
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. . . A fines de 1980 la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. adquirió cuatro de sus originales. En 1982 recibió por Humor el premio a la Mejor Revista Satírica del Mundo, en Italia. Ese mismo año la Asociación de Dibujantes de la Argentina lo distinguió como Caricaturista del Año.
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. . . En 1996 creó para el Grupo de Revistas de La Nación "La Nación de los Chicos", y dos años después armó el proyecto y el equipo para la edición argentina de RollingStone. En 2001 creó y dirigió la revista El Cacerolazo, de Editorial Perfil.
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. . . En 2005 editó La revista Humor y la dictadura, volumen que presenta las mejores páginas de esa revista legendaria en el período mencionado, y en 2006, 30 años de Humor Político, libro con su obra política entre los años 1976-2006. Su sitio web está linkeado en la columna de la izquierda, en el espació "Gente de plástica".
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Tertulia

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Eduardo Galeano: “Cortázar y Mario Benedetti son casos raros, son los dos escritores más generosos que conocí. Porque en el zoológico humano, los escritores habitamos la jaula de los pavos reales y cuando te encontrás con un colega y te pregunta cómo te va, vos tenés que decirle «más o menos». Porque si le decís «muy bien», en el acto el colega se va poniendo amarillo, verde, y cae desplomado con un ataque al hígado”.



Santiago Kovadloff: “Los libros que amamos no son objetos sino presencias; presencias que con el tiempo llegan a ser reliquias, brújula, consuelo”.



Mempo Giardinelli: “Yo prefiero que autores y libros me ofrezcan diversidad de casos, motivos, opiniones, sugerencias, posiciones estéticas y puntos de vista. Los prefiero en lugar de los que me ofrecen virtuosismos reiterados, recursos repetidos y hasta temáticas trajinadas, a veces, hasta el hartazgo, como si escribir cuentos se tratara de ejercitar variaciones sobre lo mismo”.



Ernesto Sabato: “Que yo sepa, escritores como Sófocles, Dante y Shakespeare no se propusieron la belleza como fin, sino el examen de nuestra condición humana, la exploración de sus abismos y límites”.
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La literatura y el valor de las palabras


Rulfo, Sabato,
García Márquez
y Heker
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por Agustín Gribodo
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Hay quienes creen que el lenguaje es algo rígido, pero no siempre las palabras dicen lo que deberían decir. A veces el uso desajusta los significados, y los escritores –que no hacen otra cosa que crear a partir de las creaciones del pueblo– patean el tablero conceptual. Comienza así a modelarse el lenguaje como un bollo de arcilla en manos de un alfarero. La transformación es permanente.
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En este artículo se muestran unos ejemplos de esas alteraciones y combinaciones sin las cuales la literatura sólo sería un cementerio de palabras clasificadas y archivadas:
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“El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara de Tacha...”
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. . . . . La frase pertenece al cuento Es que somos muy pobres, de Juan Rulfo, y en primer lugar el lector se encuentra con que el sabor –que puede ser agrio, dulce o amargo– es “a podrido”. Pero la cuestión no termina ahí, pues el lector también descubre que un sabor a podrido puede “salpicarle la cara”. Lo que hace Rulfo es escribir gusto en lugar de olor; es decir, le otorga a la sensación gustativa una propiedad olfativa. También le da a ese gusto a podrido la facultad de salpicar, es decir, materializa el olor y lo transforma en agua.
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En los momentos finales de la novela Sobre héroes y tumbas, cuando por la noche el protagonista Martín y el camionero Bucich orinan a un costado de la ruta, en un descanso en su viaje hacia el sur, Ernesto Sabato escribe lo siguiente:
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“El olor cálido y acre de la orina se mezclaba con los olores del campo.”
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Aquí Sabato, para describir un olor, recurre al sentido del tacto (calido) y al del gusto (acre). Es precisamente esta combinación de sensaciones, agradable la primera y desagradable la segunda, la que da una entidad diferente al olor de la orina. Y, hasta donde yo sé, no se ha encontrado una descripción literaria más precisa (breve y extensa a la vez) del olor de la orina.
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Por su parte, en El coronel no tiene quien la escriba, Gabriel García Márquez deja actuar a su personaje y escribe:
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“Octubre se había instalado en el patio. (...) el coronel volvió a sentir el mes aciago en los intestinos.”
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Que un mes se instale en el patio, vaya y pase; pero que además se sienta en los intestinos, ya es cosa seria. Sin embargo, si se tienen en cuenta el clima de octubre y los malos recuerdos que ese mes traía, cualquiera con un poco de sensibilidad puede saber, sin demasiadas explicaciones, de lo que está hablando García Márquez.
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En resumidas cuentas, sin esta resignificación de las palabras no habría literatura, por lo menos no en el sentido artístico que tiene para nosotros la literatura. Tampoco existiría ese corpus de metáforas populares que nutre a los escritores, esa magia que hace “llover a mares”, que “el cielo se venga abajo” o que alguien pueda “hablar hasta por los codos”.

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Conviene aclarar que no se trata de inventarles significados a las palabras o algo por el estilo. No todos los escritores tienen el genio de crear figuras nuevas y originales. Más aún, son pocos los que logran adjetivaciones que realmente aporten algo importante.
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Ejemplos del buen uso de los adjetivos pueden encontrarse en los cuentos de Jorge Luis Borges y en el ya célebre relato de Liliana Heker Un resplandor que se apagó en el mundo. En él, un muchacho que sufre el desengaño de un amor platónico se consuela con la visión de “la blanca, la inmutable, la inalcanzable cara de la luna”. Estos tres adjetivos empleados por Heker remiten, respectivamente, a la pureza, la eternidad y la utopía, todo lo que ese muchacho acababa de perder con la degradación del amor idealizado. Éste es un claro ejemplo del valor de los adjetivos y del peso de las palabras a la hora de escribir. La poesía, la narrativa, en fin, la literatura, no es otra cosa que la transformación del lenguaje en arte.
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La pintura que ilustra este artículo, Palabras del pensamiento, pertenece a la argentina María Cristina Fresca, de quien se puede saber más cliqueando aquí. El contenido de La literatura y... está dedicado a otro artista plástico, Franck de Las Mercedes, a propósito de una inquietud que me ha hecho llegar.
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