Una digresión sobre el pan y la poesía

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. . . . . El arriero (de Atahualpa Yupanqui)

En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos
el arriero va, el arriero va.

Es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan las flautas del pajonal,
y animando la tropa por esos cerros
el arriero va, el arriero va.

Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda.
Las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas.

Un degüello de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.

Amalhaya la noche traiga un recuerdo
que haga menos pesada la soledad.
Como sombra en la sombra por esos cerros
el arriero va, el arriero va.
. . . Al recibir el Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda dijo en su discurso, entre otras cosas: “El poeta no es un «pequeño dios». No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria”.
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. . . Permítaseme no estar del todo de acuerdo con Neruda. Es cierto, el poeta no es un dios; pero participa de la creación, porque cada poema nace para la eternidad. Si no fuera así, no tendría sentido el acto de entrelazar versos; el poeta sería como un jugador de fútbol que patea al arco sin estar convencido de que el destino de la pelota es el gol.

. . . Por otro lado, así como existen grandes y pequeñas diferencias cualitativas entre los poetas, también hay entre los panaderos peculiaridades del oficio que distinguen a uno de otro. Pues, por alguna razón compramos el pan en aquella panadería y no en esa otra. El pan que se hace en aquélla es más sabroso.
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. . . Del mismo modo (si bien todos podemos escribir poesía), hay poetas a quienes el “pan” les sale más sabroso. Hay muchos “poetas” que para referirse al atardecer dicen “El cielo tiñó de rojo el horizonte”... Pero por ahí surge un Atahualpa Yupanqui que dice “Un degüello de soles muestra la tarde...”
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. . . ¿Qué hizo Yupanqui en ese verso? Elaboró un pan muchísimo más sabroso que el de otros poetas... Evitó el lugar común y creó una figura; es decir, participó del acto divino de la creación. Y como quien saborea ese pan delicioso de la poesía, el lector descubrirá además que los remolinos pueden bailar, el sol jugar en el pedregal y el poncho ser una bandera de niebla.

Agustín Gribodo.-
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La pintura que ilustra esta entrada se titula Hombre con caballo y es de Ricardo Carpani (1930-1997). Creador de una obra de fuerte contenido social que lo llevó a sufrir exilio, Carpani se ha convertido en un referente obligado del arte social argentino de los años 60 y 70. (Ver más sobre Ricardo Carpani.)
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Agustín,
Pase de visita y aprovecho para contarte que cambié la dirección del blog: http://www.corazonesidiotas.blogspot.com/

Alberto lago dijo...

Bueno, voy a ser un tanto diplomático, pero estoy de acuerdo con ambas posturas. Entiendo que a lo que se refiere Neruda es que el acto cotidiano, es susceptible de convertirse en poesía, diría que en gran poesía, y desde luego que en su voz lo es (pan, fruta, cuerpo, tierra...), en manos de Neruda constituyen una de las cimas de la poesía. Neruda nos muestra quizá mejor que nadie (no sé si por la influencia de Whitman u otros.) que no es necesario ser un místico, ni estar iluminado para hacer poesía.
Por otra parte estoy de acuerdo en lo que dices. El pan es poesía en manos de Neruda y de otros también, pero no todo el mundo es capaz para hacer poesía con el pan.

Agustín Gribodo dijo...

Ro, el ruteo de tu blog ya fue cambiado en la lista de "gente de palabra".
Alberto, celebro y agradezco que tú hayas dicho en las dos líneas finales de tu comentario lo que yo intenté decir en cuatro párrafos. Gracias por la síntesis y un gran abrazo.