El más pintado... Enrique Wernicke

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. . . .Confesión

...Yo tenía una amante fea y empezaba a aburrirme de ella. Pero durante aquel verano había llovido mucho y el jardín estaba precioso. Las plantas me consolaban, y los días se me iban sin pensar demasiado.
...Cuando llegó el otoño, despaché a la fea. Quedé solo un tiempo y luego volví a casarme. Era la tercera vez que intentaba la convivencia formal.
...No hay experiencia vital más aleccionadora que cambiar de mujer. La vida es cruel, dicen. Bueno, ya está. Hace tres años que vivo con una muchacha más estúpida que muchas otras. Y no sé cómo desprenderme de ella. ¿La mato?, ¿la tiro a la calle?, ¿abandono todo y desaparezco?, me pregunto todos los días.
...Pero también me pregunto quién ganará la octava carrera del domingo. Es que la vida es una sola pregunta sin respuesta.
...Paciencia. Hay que creer en la providencia. Tal vez un día de éstos, cuando suba a colgar la ropa, se cae de la azotea.
...Azotea, azotea... ¡Cómo no se me ocurrió antes, maldita sea!

Confesión pertenece al libro Cuentos, de 1968, volumen en el que, tal vez, se encuentran los textos más crueles de Wernicke. Hace un par de semanas recibí un mail de la hija de Enrique, María (excelente ilustradora), en el que me recordaba que ese día, 30 de agosto de 2009, se cumplían 41 años de la muerte del autor.
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Este no es un homenaje, algunos grandes no necesitan homenajes, ellos persisten en sus obras. De Enrique Wernicke hay una edición de sus cuentos completos publicada por Colihue en el año 2001. Quedan en la memoria las formidables novelas La ribera y El agua, hoy casi inhallables, y sus Sainetes contemporáneos (piezas para teatro). Como una deuda incomprensible de los editores, existe un diario inédito de unas 1500 páginas, titulado Melpómene, del que sólo se conocen algunos pasajes publicados hace muchos años en la revista Crisis.
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Por su originalidad, la obra de Wernicke puede ser comparada con las de Roberto Arlt y Felisberto Hernández. Su escritura es conmovedora y por momentos alcanza una síntesis extrema. (Ver, en este blog, Woody Allen y la originalidad de Wernicke.)
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La pintura que ilustra esta entrada, La azotea de Valle, pertenece a Francisco Vera Muñoz, artista nacido en Córdoba, España, en 1978. De él pueden apreciarse otras obras (con un solo clic) y comprobar cómo, a pesar de su juventud, posee un claro dominio del color y la luz en un realismo de espacios abiertos.
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7 comentarios:

**VaNe** dijo...

Es un poeta que yo en lo particular no conocía... y la verdad admiro ese poder vomitar miserias y aceptarlas... así, sin más...
La pintura, bellísima; transmite la propia sensibilidad del artista a través de una ventana inesperada.
Siempre es un placer pasar por aquí.
Gracias!

Agustín Gribodo dijo...

Gracias, Vane. No hay mucho de Wernicke por ahí, pero todo lo que encuentres escrito por él te va a dejar esa sensación ambigua que se tiene cuando a uno le mueven el piso. Ese tipo de calidad tenía. Y su vida no fue nada fácil.
Respecto de la pintura, tu opinión de artista es muy valiosa.
Gracias otra vez.

Ricardo Rubio dijo...

Wernicke se suma a los varios nombres que deberían tener mayor brillo en la mínima vidriera que la Argentina da a su literatura. Dado que aquí no importa el mérito ni existe la crítica seria, muy pocos pueden estar en el lugar preciso y en el momento justo para que la cosa se dé. Prejuiciado quizá por su simpleza narrativa, que es precisamente uno de sus méritos, no ha sido reeditado. Es lamentable que se conozca tan poco de una escritura transparente, pura y de un preciosismo fónico elevado.
La pintura de cabecera no parece de alguien tan joven, muy buena, pero le falta la chica de mi cuentito.

anza dijo...

Esta si que no me gusto, la fea, la tonta, no pues no mejor que se quede solo jaaaa un beso enorme

María W. dijo...

¡Qué bueno, Agustín! Este cuento es maravilloso y la pintura bellísima. Un abrazo.

Alberto lago dijo...

El cuento me parece muy bueno. Su forma de escribir corta el aliento por su sintetismo y la precisión de sus palabras y el final me parece excelente.

Por otra parte me cuesta opinar sobre pintura e incluso sobre fotografía a través de la web (porque me gusta ver la luz sobre el papel in situ), pero la luz que transmite este cuadro me ha llegado.

Un fuerte abrazo.

Ricardo Rubio dijo...

Me hiciste agarrar el único libro que tengo de Wernike. Y te lo agradezco.