El cuento según...

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Adolfo Bioy Casares: "El cuento de final a toda orquesta tiene algo falso. Hay una reacción justificada contra eso; pero hay que tener cuidado también de no dejar la sensación de: y bueno, ¿qué? El ideal es no subrayar demasiado las cosas, pero en el final hay que dejar que todo se entienda. Hay que saber decir sin subrayar".



Gilbert K. Chesterton: "Lo primero y principal es que el objetivo del cuento de misterio, como el de cualquier otro cuento o cualquier otro misterio, no es la oscuridad sino la luz. El cuento se escribe para el momento en el que el lector comprende por fin el acontecimiento misterioso, no simplemente por los múltiples preliminares en que no. El error sólo es la oscura silueta de una nube que descubre el brillo de ese instante en que se entiende la trama. Y la mayoría de los malos cuentos policíacos son malos porque fracasan en esto. Los escritores tienen la extraña idea de que su trabajo consiste en confundir a sus lectores y que, mientras los mantengan confundidos, no importa si los decepcionan. Pero no hace falta sólo esconder un secreto, también hace falta un secreto digno de ocultar. El clímax no debe ser anticlimático. No puede consistir en invitar al lector a un baile para abandonarle en una zanja".



Mempo Giardinelli: "La sabiduría de todo buen cuentista también consiste en saber que los mejores cuentos de la literatura universal dependen, en última instancia, de la temperatura emocional que sea capaz de transmitir lo narrado. Todo buen cuento debe tocar alguna fibra íntima del lector".
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2 comentarios:

Cynthia dijo...

Que excelente leccion la de Chesterton!
Muchos escriben solo para iluminados.
Tal vez creen que solo mentalidades exquisitas, son dignos de leer sus palabras.
Yo defiendo a los otros, a los ignorantes. A los que leemos con sensibilidad.

Ricardo Rubio dijo...

Cortázar se especializó en engañar al lector y tiene, además, varios ejemplos que contradicen a Chesterton (recuerdo "El móvil").

Creo que los cuentos más valiosos no dependen sólo de la "temperatura emocional" de Mempo sino también de ese roce que mantiene un concepto con nuestras zonas más ciegas.