Consejos literarios para la mujer (II)



El texto que se reproduce a continuación fue publicado hace un par de años en el Suplemento de Verano del diario La Nación, de Buenos Aires. Junto con otros, conforman una serie de consejos para una escritora en ciernes. Esta suerte de manual sigue incrementándose en espera de ver la luz en forma de libro. Por ahora, con una ilustración original de Huadi y a modo de muestra, va esta segunda entrega:
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Proust y la pérdida del tiempo

. . . Si alguien quiere triunfar en el mundo del boxeo lo primero que debe hacer es buscar un gimnasio y comenzar a entrenarse. Del mismo modo, si una mujer desea convertirse en escritora, deberá pasar por un taller literario. Allí se templan los espíritus y se ponen a prueba las pasiones. Esas tertulias son el campo donde germinan las vocaciones o queda sepultada para siempre la semilla de una carrera que no fue... En este último caso no hay que desanimarse: siempre que las aptitudes del coordinador lo ameriten, se puede aprender a leer en voz alta, que no es poca cosa.
. . . Para asistir a esas reuniones iniciáticas se deben olvidar para siempre las lecturas de Gustavo Adolfo Bécquer y de Juana de Ibarbourou (conocida como "Juana de América" mucho antes de que Sandro alcanzara la fama continental). También hay que cuidarse de revelar que Poldy Bird estuvo entre las preferencias juveniles, y ni hablar de que cierta vez un par de lágrimas cayeron en las páginas de Corín Tellado, que por algo se llamaba María del Socorro.
. . . En cuanto a las relaciones humanas, lo mejor es apartarse de los hombres con ínfulas de literato, especie que abunda en los talleres. Estos sujetos no tienen escrúpulos a la hora de la conquista y hasta son capaces de decir, con falsa modestia, que "las mujeres bellas son para los hombres sin imaginación". Al hacerlo cometerán dos pecados: uno, hacerle creer a la principiante que los que carecen de imaginación son ellos cuando en realidad la estarán tratando de fea; el otro, no confesar que están parafraseando a Marcel Proust.
. . . A propósito, ¿qué habrá querido decir el franchute con eso de que las mujeres bellas son para los hombres de escaso vuelo? Puede que alguna mujer acepte sin más la frase en cuestión; pero lo cierto es que ninguna en su sano juicio aceptará involucrarse con un tonto por el solo hecho de que la consideren agraciada.
. . . Algo es seguro: las palabras de Proust no eran gratuitas. Primero, alguien que escribe miles de páginas en busca del tiempo perdido posee una imaginación descomunal, sobre todo si se tiene en cuenta que el tiempo es, esencialmente, irrecuperable. Segundo, el asma fue convirtiendo al gran novelista parisino, escuálido y de ojos saltones, en un enfermo crónico, motivo por el que su dieta no incluía los excesos carnales, al menos no con mujeres hermosas, siempre capaces de provocar emociones desmesuradas y accesos de tos. Aclarados estos dos puntos, no es descabellado pensar que Proust haya intentado con la frase en cuestión disimular su escaso afecto por las mujeres.
. . . Conclusión: los hombres que parafrasean a grandes escritores son asmáticos o, en el peor de los casos, carecen de la fantasía necesaria para decir algo interesante. También existe la posibilidad de que sufran ambas afecciones. Y no hace falta aclarar que en este último grupo se encuentran los talleristas más peligrosos: una cosa es relacionarse con un asmático y otra muy distinta es hacerlo con un asmático incapaz de elaborar una frase original.
. . . Para concluir, y retomando el tema del entrenamiento literario, el mejor consejo que puedo darles a las lectoras es que en los talleres dosifiquen la exposición del material. Lo más conveniente es entregar los trabajos a la crítica feroz de los contertulios sólo muy de cuando en cuando: un poema cada tres semanas; un cuento cada dos meses. Nunca hay que enamorarse de las propias obras y en lo posible se las debe presentar como borradores o escritos inacabados. Puede que Proust estuviera en lo cierto y así como las mujeres hermosas son para los hombres sin imaginación, las obras de arte también lo sean. En ese caso, la belleza sería un valor apreciado sólo por los tontos... y cualquier pretensión de lograr la perfección literaria se transformaría en tiempo perdido.
Agustín Gribodo

7 comentarios:

anza dijo...

AGUSTIN YA ME VOLVI FAN DE ESTA PARTE DE TU BOLG "CONSEJOS LITERARIOS PARA LA MUJER" PERO ESO DE OLVIDARME DE MI POETA FAVORTIO MI ADOLFITO NO QUE NOO JAAAA BUEN POST UN BESOO

Agustín Gribodo dijo...

Anza, muchas gracias por tus palabras. Y espero sinceramente que sigas leyendo a Adolfito y que no sigas al pie de la letra algunos de mis descabellados consejos.
Un fuerte abrazo.

Tesa dijo...

Hola, Agustín no pienso seguir ninguno de tus consejos, sobre todo el de apuntarme a un taller de literatura, la mayoría de la gente que lo hace, hombres y mujeres, y no tiene talento, acaba escribiendo correctos relatos pero aburridisimos, donde lo que más sobresale es que han aplicado todas las normas del taller.

Como en el capítulo "para olvidar" tampoco has nombrado a ninguno de mis autores favoritos, creo que lo más aconsejable en mi caso es que experimente mi creatividad más por el lado de la imagen y deje la palabra para los adictos a dichos talleres.

Un beso, Agustín, ya veo que lo mío no tiene remedio.

Cynthia dijo...

...dada mi poca imaginacion, que hago con los hombres bellos?
Jamas se me ocurriria ir a un salon literario.. No seria justo arruinarle la vida al pobre cristo que lo dirige.
Pero, el dia a abras el tuyo, por favor, avisame. Aunque solo sea para sentarme en un rincon y reirme desvergonzadamente con tu sarcastico, ironico y brillante humor.

Alberto lago dijo...

muy bueno, muy limpio. Se percibe mucho trabajo, conocimiento, capacidad de sintesis e imaginación.

Eva Magallanes dijo...

Aún entendiendo que la esencia de tu texto es la ironía, me pregunto porque diferencias entre consejos para hombres y consejos para mujeres (?) Siento que tu perspectiva es completamente decimonónica. El único consejo que me atrevería a dar en estos ámbitos es CUIDADO CON EL EGO, esto para hombres y mujeres sin distinción.

Cynthia dijo...

un palo para el gallinero!