Onetti, el escritor salvaje


. . Tanto el uruguayo Juan Carlos Onetti como el argentino Roberto Arlt son referencias obligadas en el desarrollo de la literatura que describe al habitante de las grandes urbes. En las obras de estos dos escritores viven personajes mezquinos, tristes, ambiciosos, asesinos, locos y, antes que nada, sinceros y crueles con los demás y con ellos mismos.
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. . Como si participaran de la filosofía de sus propios personajes, Arlt y Onetti no siempre han tenido gestos y dichos políticamente correctos. Tal actitud les granjeó el mote de “amargos” e “iconoclastas sociales”, cuando no de “salvajes”.
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. . Onetti nació en Montevideo, en 1909, y murió en Madrid, en 1994. A los 30 años de edad publicó su primera novela, El pozo, en la que aparecen las obsesiones que lo habrían de seguir a lo largo de toda su obra: incomunicación, desamor, amargura y el espejismo de la pureza que ofrece la juventud fugaz.
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. . En el excelente sitio ClubCultura.com se encuentra una página dedicada a este autor, que fue –y sigue siendo– uno de los grandes de la literatura latinoamericana. De esa página web extraje fragmentos de entrevistas que pintan de cuerpo entero el carácter confrontativo que lo convirtió en el escritor más polémico que haya dado Uruguay. La ilustración de esta entrada pertenece a Jorge Mato, un joven ilustrador que reside en Montevideo.

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–¿Qué función desempeña el intelectual en nuestra sociedad y cuáles son las actividades que, según usted, le corresponden?
. . . –No desempeña ninguna tarea de importancia social. Le corresponde tener talento.
–¿Qué medidas concretas estima necesarias para mantener viva la comunicación escritor-público?
. . . –Placer de reiterar: que el escritor tenga talento.

(Marcha, Montevideo 27.5.1960)

–¿Es vigente la soledad del escritor o habría que modificar el concepto en la actualidad?
. . . –Si la soledad significa lo que yo entiendo, contesto "vigentísima". Para todo ser humano, escriba o no. En caso contrario me adhiero espiritualmente a las peñas, las mesas redondas y los torneos con flores naturales.

(El Popular / Suplemento Cultural, Montevideo 26.1.1962)

–Si usted estuviera en mi lugar reporteando a Onetti, ¿qué le preguntaría sobre la literatura uruguaya?
. . . –Una monstruosidad.
–¿Y usted que contestaría?
0. . . –Que no es elegante hablar de los colegas.
–No me imagino al protagonista de una leyenda negra contestando eso.
. . . –Ahí está el error, no tengo nada que ver con esa leyenda.
–¿Cómo? ¿Entonces usted no es el laboratorista que toma a la gente como conejillo de Indias? ¿Una especie de experimentador sin escrúpulos, un retorcido a quien imputan las peores maldades?
. . . –No, no soy. Ni siquiera soy el alcoholista mujeriego de que habla el capítulo segundo de la leyenda.
–Sin embargo, se casó cuatro veces y desde que llegué se tomó sus buenos tres vasos de vino.
. . . –Solo con vino puedo aguantar los reportajes.
–¿Por qué escribe?
. . . –Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación.
–¿Cómo escribe?
. . . –Estupendamente.
Conteste con seriedad.
. . . –Sí, señora. No entendí la pregunta.
–Bueno, quiero decir si escribe con un plan que elabora previamente. Si sabe exactamente adónde va a llegar.
. . . –Sé qué va a pasar. No sé cómo va pasar. Si supiera cómo va a pasar no lo escribiría.
–¿Quiere decir que verdaderamente escribe para usted? ¿Que en una isla desierta escribiría?
. . .Escribiría.

(María Esther Gilio, La Mañana, Montevideo 20.8.1965)

–Bueno, yo creo que usted se niega al mundo. Y su literatura es un reflejo muy claro de su forma de vida... sus personajes desconectados de la realidad, moviéndose en un mundo distorsionado...
. . . –Primero tendría que preguntarle por qué cree que "su realidad" es "la realidad". Mis personajes están desconectados con la realidad de usted, no con la realidad de ellos. En cuanto al mundo distorsionado, concedo. Pero... o uno distorsiona el mundo para poder expresarse o hace periodismo, reportajes... malas novelas fotográficas.
–¿Se identifica con el protagonista de El pozo cuando éste decía: "Soy un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad"?
. . . –Sí, con éste y con muchos otros protagonistas. ¿Tampoco le contaron que el arte es una eterna confesión?

(María Esther Gilio, Marcha, Montevideo 1.7.1966)

–Usted fue revalorado por el surgimiento del «boom», al que se lo incorporó un poco retrospectivamente, pues su primer libro es de 1939. Durante ese tiempo, sin lectores casi, ¿para quién escribió? Dicho de otra manera: ¿necesita lectores? ¿Para quién escribe?
. . . –Le contesto lo que una vez Joyce le contestó a alguien que lo entrevistaba. Me siento en un extremo del escritorio, decía, y le escribo a la persona que está en el otro extremo. En el otro extremo está James Joyce.

(Alfredo Barnechea. Entrevista hecha en Montevideo, en 1973)
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4 comentarios:

Ricardo Rubio dijo...

Qué maravilla. Seguramente a una señora estirada le disgustan estas respuestas de Paz. Yo le hubiera dado un abrazo... Virtual, claro.

Marcelo dijo...

Qué maravilla Agsutín! Y al preguntarle la periodista por la isla desierta, inevitable recordar cuando le preguntaron a Chesterton qué libro llevaría a la damosa isla (sería la misma?), de poder llevar uno solo. Y el escritor respondió: "El Manual práctico para la construcción de barcos" de Thomas.
Un abrazo, y muchas gracias por el enlace!

Agustín Gribodo dijo...

Lo de Chesterton, Marcelo, es de una sutileza genial.
Un abrazo.

gretel dijo...

Onetti, un pedazo de ídolo

"–¿Cómo escribe?
–Estupendamente."

me encantó.
Gracias.